Restaurante La Salita (Valencia)
Situado en el barrio de la Amistad, en Valencia, más concretamente en la calle Séneca (esquina con la calle Yecla) encontramos este restaurante que ya había visitado hace tiempo para celebrar el resultado del concurso gastronómico de cocina. No hace falta hablar del local, que es elegante, bien distribuido y de tonos grises y rojos. Con la cocina a la vista del cliente aunque no nos enteremos en ningún momento de algún ruido de batería de cocina o veamos humo, ventilación perfecta.
El servicio, que decir de ellos, dos de los tres jefes de rango de la sala son compañeros de clase y unos profesionales en su trabajo, por lo que cumplirá tus expectativas como cliente si algún día tienes la oportunidad de visitarlo. En este restaurante sólo se trabaja con un menú degustación de 4 entrantes, 1 pescado, 1 carne y un mini-surtido de postres. Este menú suele ser cambiado cada semana, dejando como fijos fieles de la casa algunos platos. Y lo mejor sin duda es su precio: treinta euros + I.V.A y bebida aparte. No se encuentran en Valencia restaurantes de este tipo con una magnífica relación calidad-precio.
Pasemos a ver el menú que tuve suerte de probar
Empezamos abriendo boca con un Dry Martini, a lo James Bond, que estaba estupendo y lo acompañaron con chips de yuca y chirivía.

Mientras tomábamos el aperitivo, Jacobo (jefe de rango) nos ofreció bajo recomendación del jefe de cocina y dueño del local un vino americano, concretamente de Washington, Avery Lane, que estaba estupendo. Envinó las copas para su consumo y lo decantó a continuación.

El primer plato fue una royal de codorniz con foie, salsa de vino de dulce y crouton de pan. El sabor característico del foie, mezclado con el de la codorniz y la salsa de vino te envolvía el paladar, el pan hacía la función de tosta y añadía nueva textura al plato.

El segundo plato es uno de los clásicos de la casa de los que he hablado antes, siempre con algún cambio nuevo en su elaboración: Purrusalda con caldo de jamón, jugo de escalibada con su berenjena y chips de sardina. Las texturas en cada crema cambiaban, la purrusalda se mantenía con ese estupendo fondo a jamón, las chips en su punto y estupenda la sardina y el jugo de escalibada templado con un pedacito de berenjena.

La foto tomada con mi móvil, un pelín desenfocada, no le hace justicia a este arroz meloso de chirlas y mejillones con carpaccio de pulpo, ajos tiernos y salsa de pimentón. El sabor me recordaba al de la vichyssoise por la mezcla entre la mantequilla y el ajo tierno, el arroz en su punto perfecto, dejándolo al punto y el carpaccio de pulpo estupendo. La salsa de pimentón, un añadido más que todo arroz lleva en su elaboración.

Cuarto entrante, unas albóndigas de ternera con cominos, patata pochada en aceite de trufas, calabacín a la plancha, patatas paja y cordones de salsa de curry y de trufas. De recuerdo asiático por el uso del comino y el curry y una albóndiga que prácticamente se deshacía en la boca de lo tierna que estaba. La patata cocida en aceite de trufas, estupenda y el calabacín acanalado y al dente, manteniendo todo su sabor.


Para dar paso al plato de pescado, antes se nos sirvió un sorbete de Gin-Tonic.

Y llegamos al pescado, un papillote de pez de San Pedro con sus verduritas. Nunca había tenido ocasión de probar este pescado y su textura me recordó a la del bacalao. Las verduras: apio, zanahoria, pimiento, patata … buenísimas con el jugo que el pescado había soltado.


El momento de la carne nos sorprendió con un solomillo de cerdo marinado al estilo chino con pudding de coliflor y brécol y chips de patata morada y patata dulce. La salsa no recuerdo exactamente que era, espero que Jacobo me rectifique cuando lea esto. Me sorprendió el conseguido sabor del solomillo, a base de una marinada que en tan sólo un cuarto de hora impregnaba su sabor.

Y para finalizar, llegamos a los postres con cuatro variedades bien surtidas: crema de baileys y queso con infusión de frutos rojos, milhojas de manzana con caramelo, espuma de chocolate con frutos secos y espuma de nata y coulant de chocolate con teja de jengibre. El camarero nos indicó que el coulant estaba recién sacado del horno, por lo que mejor sería tomarlo el último tanto para no quemarnos como para que su sabor no nos dejase degustar el resto. Me volvía a parecer estupenda la combinación de la espuma de chocolate y nata con frutos secos como pueden ser kikos o pipas peladas, el milhojas y la crema de baileys estupenda y como no, el coulant riquísimo aunque tira a empalagar, ya que es una receta de chocolate puro.

Antes de pedir la copa de rigor, Jörne (jefe de cocina y propietario junto a Begoña) nos invitó a probar un Eisswein, un vino elaborado en Alemania que tiene la particularidad de que la uva se recoge en invierno, estando ésta congelada, y al estrujarla se obtiene una cantidad de azúcares mayor, al estar concentrados. El vino estaba estupendo, era un vino dulce e intensamente afrutado.

Sin duda volveremos a ver con que nos sorprenden. Agradecimientos a todo el equipo (cocina y sala) por el trato recibido y mi enhorabuena por tan excelente labor.




Enero 18, 2008 a las 9:55 pm
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